sábado 21 de junio de 2008
Un beso llega
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Me muero de entusiasmo
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Intervención
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¡Que vuelva la primavera!
Y yo, la niña durmiente del mismo grito ensimismado, me vuelco a su ribera para permitirme el aliento, humedezco las amarras para avivar las luces de mi noctámbula. No hay muralla ni grieta, ni piel desvencijada, que pueda intoxicarme la herrumbe.
Interpreto el sortilegio para beberme el caliz que me hierve en las caderas, cada vértebra rabiosa me enciende otro color. Porque hoy es siempre todavía.
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No hay necesidad
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Retour
Mis pasos te quisieron lo suficientemente convencidos de su riesgo, y entonces sucedió que sin mediar explicaciones, los obligaste a retroceder. Yo llevaba en mis suelas la convicción de aliviarte las grietas furiosas de otro nombre impronunciable, conservaba incólume en mi piel, un trocito de primavera que te aguardara, sólo por la ilusión de coincidir valientes en el mismo vacío. Pero una abertura de tiempo, insignificante en su recuerdo, nos diluyó el único esmero posible, de mantenernos a salvo del regreso. Ahora, es imposible recomenzar.
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Las tres experiencias
Y nací para escribir. La palabra es mi dominio sobre el mundo. Tuve desde la infancia varias vocaciones que me llamaban ardientemente. Una de las vocaciones era escribir. Y no sé por qué fue ésta la que seguí. Tal vez porque para las otras vocaciones necesitaría un largo aprendizaje, mientras que para escribir el aprendizaje es la propia vida viviéndose en nosotros y alrededor nuestro (...). Me adiestré desde los siete años para tener un día la lengua en mi poder. Y no obstante, cada vez que voy a escribir es como si fuese la primera vez.
No necesito más palabras, que éstas que por mí entonan los otros. No necesito más excusas, que éstas que adosan en mi piel un olor a ansia movediza. Porque saberme viva es un suceso impredecible, que puedo increpar sobre la base de tactos, almohadas, sismos y humedades. Ya ven que no me alcanza el equipaje, y debo forzar mi mirada por el instante ignoto, en que el aire se corta y tengo dos existencias exactamente iguales. La mía, con su pugna inverosímil, y la otra, que siente velados todos los enigmas. Por eso me circulan letras en la sangre, sílabas enrevesadas en cada intersticio invertebrado.
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miércoles 11 de junio de 2008
Desconocido y transeunte
Por ahora no sé quién eres
ni adónde estás siempre.
Sé que nos ha tocado vivir
en la misma ciudad
y en un mismo país de la tierra
al mismo tiempo.
Y eso me basta.
Hoy es de noche, pero mañana
saldré como ayer en tu busca.
Estoy seguro sabré reconocerte.
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martes 10 de junio de 2008
Se escriben cartas de amor
Cuento de las Cartas de amor, en la
voz de Ismael Serrano.Cuento de Eduardo
Galeano.
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domingo 1 de junio de 2008
Tres escenas para el té
Son
extrañamente hermosos todavía,estos labios de hace ahora tres años
y me parece inédito
el gesto de tu beso,
este llegar aquí cada vez más tranquilo,
con la serenidad
del que tiene por cómplice la vida
y su rutina.
Hoy sabemos que entonces,
cuando tus veinte años y mi primer abrazo,
empezamos por ser
sobre todo indecisos: la tímida torpeza
de la primera noche
y la dificultad con que dejar las manos
en el hábito infiel de nuestros vicios.
Ahora
extrañamente hermoso estar aquí,
demasiado a menudo y decididos,
incómodo
de no sentir el peso de los años
aprendiendo contigo la premeditación
y escribiendo en tu piel mi alevosía.
Porque suele haber bancos donde se espera siempre,
aceras que prefieres por costumbre
o líneas de autobús al mediodía.
Y sin embargo tú
reapareces inédita en tu gesto
para decirme hoy
que le conteste al tiempo y sus preguntas
el práctico saber que tienes de mi cuerpo.

Si alguna vez la vida te maltrata
acuérdate de mí,
que no puede cansarse de esperar
aquel que no se cansa de mirarte.
Como el primer cigarro,
los primeros abrazos.
Tú tenías
una pequeña estrella de papel
brillante sobre el pómulo
y ocupabas la escena marginal
donde las fiestas juntan la soledad, la música
o el deseo apacible de un regreso en común,
casi siempre más tarde.
Y no la oscuridad,
sino esas horas que convierten las calles en decorados públicos
para el privado amor,
atravesaron juntas
nuestras posibles sombras fugitivas,
con los cuellos alzados y fumando.
Siluetas con voz,
sombras en las que fue tomando cuerpo
esa historia que hoy somos de verdad,
una vez apostada la paz del corazón.
Aunque también se hicieron
los muebles a nosotros.
Frente a aquella ventana -que no cerraba bien-
en una habitación parecida a la nuestra,
con libros y con cuerpos parecidos,
estuvimos amándonos
bajo el primer bostezo de la ciudad, su aviso,
su arrogante protesta.
Yo tenía
una pequeña estrella de papel
brillando sobre el labio.
(Canción de aniversario, Dedicatoria y Como el primer cigarro
de Luis García Montero)
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